Muchos profesionales invierten conscientemente en su desarrollo. Asisten a cursos de formación, leen literatura especializada y escuchan podcasts. Esto les proporciona nuevos conocimientos y técnicas útiles. El verdadero avance suele producirse en otro momento: cuando descubren que una creencia, un hábito o un enfoque familiar resulta ser menos eficaz de lo esperado.
Esa reflexión puede resultar incómoda. Toca la imagen que tenemos de nosotros mismos. Y es precisamente ahí donde suele residir el margen de crecimiento.
¿Por qué el desarrollo a veces afecta a la autoimagen?
Puedes aprender una técnica de ventas. Puedes memorizar un modelo de conversación. Puedes comprender un método de gestión. Aplicarlo se vuelve más difícil en cuanto una nueva perspectiva influye en cómo te ves a ti mismo.
Pensemos en un gestor de cuentas que se considera un buen oyente, pero recibe comentarios de que los clientes no siempre se sienten escuchados. O en un gerente que cree comunicarse con claridad, mientras que los miembros del equipo salen de la misma reunión con expectativas diferentes. Incluso los profesionales experimentados a veces descubren que abordan las conversaciones más rápido de lo que sus clientes consideran cómodo.
En esos momentos, la retroalimentación va más allá de una simple habilidad. Afecta a la autoimagen. La primera reacción suele ser explicar, matizar o defenderse. Es algo humano. Quien desea desarrollarse aprende a posponer esa reacción por un instante y primero analiza lo que revela la retroalimentación.
¿Cómo perciben los demás tu comportamiento?
La retroalimentación suele revelar algo que ya era evidente para nosotros. Nuestra autoimagen se forma a partir de experiencias, éxitos, comentarios previos y creencias sobre quiénes somos y cómo funcionamos. En la práctica, esta autoimagen a menudo coincide parcialmente con la percepción que los demás tienen de nosotros. Esta diferencia no significa que alguien se conozca mal; simplemente demuestra que todos tenemos puntos ciegos.
Esa diferencia es crucial para el desarrollo. Al fin y al cabo, los resultados están determinados por el efecto del comportamiento, no por la intención que lo motiva.
¿Por qué son tan difíciles de detectar los puntos ciegos?
Los puntos ciegos suelen verse alimentados por el éxito. Quien obtiene buenos resultados durante años tiene motivos de sobra para confiar en su método. Sin embargo, los clientes, los mercados y las expectativas cambian. Un comportamiento que antes funcionaba puede resultar menos efectivo en un nuevo contexto.
En consecuencia, son precisamente los profesionales con experiencia quienes a veces aportan ideas sorprendentes. Su pericia termina por dominar la conversación. Los clientes satisfechos ocultan la dificultad de captar nuevos clientes. O bien, un método de trabajo conocido sigue dando resultados, aunque la calidad de la conversación se resienta.
Estas señales no implican ajustar cuentas con éxitos pasados, sino que indican dónde es posible dar el siguiente paso en el desarrollo. La experiencia sigue siendo valiosa, siempre y cuando se esté dispuesto a analizar si el enfoque actual sigue siendo adecuado para la situación actual.
¿Por qué a veces el proceso de desarrollo resulta incómodo?
La nueva información puede entrar en conflicto con nuestras creencias preexistentes. Todos tenemos ideas sobre nuestras fortalezas, la reacción de los clientes y qué enfoque funciona. Aceptamos fácilmente los comentarios que confirman esa visión. La información que la contradice nos exige más.
Entonces surge una disyuntiva. Puedes investigar principalmente por qué la retroalimentación es incorrecta. También puedes interesarte por la parte que sí es útil. La pregunta cambia de "¿Es correcto este juicio?" a "¿Qué efecto de mi comportamiento he pasado por alto hasta ahora?".
Ese cambio hace que el desarrollo sea concreto. Se examina una suposición, se prueban comportamientos diferentes y se observan los cambios. De esta manera, una idea se convierte en un nuevo hábito.
¿Qué hacen de manera diferente las personas que continúan desarrollándose?
Los profesionales que se mantienen en desarrollo consideran la retroalimentación como información. Buscan tanto confirmación como señales que indiquen discrepancias. Reflexionan sobre sus acciones y analizan sus consecuencias.
Esto se puede lograr de forma muy práctica. Un gestor de cuentas retoma una conversación y presta atención al equilibrio entre preguntas y soluciones. Un supervisor pregunta a los empleados qué comportamiento contribuye a que los acuerdos sean más claros. Un emprendedor investiga la pérdida de un cliente sin tener una explicación preparada de inmediato.
Al observar de esta manera con regularidad, el desarrollo se integra al trabajo diario. La formación puede servir de espejo y visibilizar patrones. El cambio sostenible surge en la práctica, mediante la práctica consciente y la reevaluación.
¿Cómo puedes verte a ti mismo de forma diferente a partir de mañana mismo?
Elige una reunión con un cliente, una presentación o una consulta que consideres exitosa. Luego, reflexiona conscientemente sobre lo que realmente sucedió. Hazte tres preguntas:
- ¿En qué me baso para afirmar que esto salió bien?
- ¿Cómo describiría la otra persona esta conversación?
- ¿Cuál de mis comportamientos tuvo la mayor influencia en el resultado?
Estas preguntas cambian el enfoque de una percepción general a un comportamiento observable. Como resultado, se aclara qué decisiones tuvieron un efecto y qué alternativa merece ser investigada.
¿Estás dando el paso de la comprensión al desarrollo?
El desarrollo suele comenzar con algo que antes pasaba desapercibido. Esta revelación puede sorprender y plantear retos, pero también ofrece una dirección. Quienes se atreven a observar su propio comportamiento con curiosidad descubren dónde el cambio puede marcar una verdadera diferencia.
¿Qué reacción recurrente de clientes, colegas o empleados merece una segunda mirada? Tom Hellemans ayuda a los profesionales a analizar sus suposiciones, reconocer patrones y utilizar la retroalimentación de manera efectiva. En sus sesiones de capacitación, traduce estas ideas en comportamientos concretos que puedes aplicar de inmediato en tu práctica diaria.
¿Te gustaría descubrir dónde aún puedes crecer profesionalmente? No dudes en contactar con Tom para una conversación sin compromiso.